La épica de la precariedad es el ideario que define a El hombre delgado, un rockero "para los tiempos de crisis", que ha asumido con dignidad y valentía la aventura de vivir del aire y de estar vivo sin tener dónde caerse muerto. Tras esta sombra en el escenario se esconde Fidel Moreno, cantante y escritor sevillano que asumió esta famélica personalidad como una forma de liberación.Tras una mala experiencia con una discográfica, Moreno comenzó a escribir canciones "tristes y rabiosas", que no encajaban en el estilo de su anterior grupo, La lengua suelta. Una noche se le ocurrió la idea de El hombre delgado: "Las cosas me iban mal y pensé en la libertad de un personaje que no necesitara comer y que tampoco tuviera que pagar alquiler. El hombre delgado es aquel que no acepta el chantaje y que prefiere no comer, vivir del aire, antes que morir de asco. Todo este proyecto es un intento para poder vivir de aquello que me gusta antes de rendirme a la corriente del atasco, la hipoteca y un trabajo miserable".
Y así surgió el disco, con un estilo que este enigmático personaje define como “rock and bole” debido "al carácter rocambolesco que me une con la música, para darle un toque creativo y para desquitarme de la etiqueta tradicional de rock and roll”. Pero el proyecto de El hombre delgado va más allá de la música. Junto con el álbum ha editado un libro de cuentos interrelacionados con las canciones, y una exposición colectiva con artistas plásticos. Títulos como Caramelito de yerba, Nada nuevo en este barrio, El derrumbe y La vida a veces se pierde componen este libro-disco, idóneo para todos aquellos que compartan el anhelo de vivir del aire y la aventura de sobrevivir en un mundo precario sin perder el orgullo.
Estudió Humanidades en la Universidad Carlos III de Madrid, hizo un doctorado en Ciencias y Teoría del Espectáculo, y grabó un disco para la multinacional Sony como La Lengua Suelta (recuérdese la canción La casa era una fiesta). Ha sido profesor de escritura creativa y portero de locales de ensayo. Fidel Moreno, 33 años, nacido en Huelva, criado en Sevilla y residente en Madrid desde hace más de una década -“reivindico el desarraigo”, dice-, se rebautiza como El Hombre Delgado.El canijo. “Lo soy. Pero aparte de una cuestión física, el título de una novela de Dashiell Hammet o una canción de Dylan, el nombre es una metáfora: aquellos seres expulsados a la periferia del orden cultural que no engordarán jamás. El Hombre Delgado resume la idea de vivir del aire”.
Conceptual. “La novela que forma el libro-disco, las canciones, las obras de arte giran en torno a este concepto: El Hombre Delgado y su épica de la precariedad. Vivimos en un mundo en crisis y para salir adelante sin aceptar lo establecido uno se ve abocado a una marginalidad que está llena de aventuras difíciles. El no tener dónde caerse muerto hace que uno se mueva más”.
Mirar hacia arriba. “Ponerse muchos techos es como no tener ninguno. Las metáforas nos guían como inspiración, pero tienen su parte de realidad. El Hombre Delgado se me apareció en un momento difícil en mi vida como la posibilidad de una libertad, algo sobrio, sin lujos, a partir de una encarnación metafórica. Porque El Hombre Delgado no come y no paga alquiler. Si yo no necesito un techo, realmente soy libre. Esa ficción me hizo lanzarme a la aventura. En vez de aceptar un trabajo miserable intenté vivir del aire”.
Filosofía. “Cuando uno propone algo al mundo en el orden musical o literario, plantea una propuesta dentro de un orden social. El mundo es el que es, lamentablemente, pero hay cierta libertad para situarse de una manera u otra. Yo elijo este proyecto vital, y hay muchos hombres delgados por ahí”.
El tesón. “Lo que me gusta es escribir y hacer música. Aunque todo iba a contracorriente, aconsejándome que no siguiera por ahí, yo he querido continuar. A ver en qué queda la cosa”.
Un producto original. “De forma natural me salió esta historia. Las cosas hay que hacerlas sin respetar los moldes establecidos. La obra de arte fabrica su propio estándar”.
La escuela. “En la música popular, el placer estético está entre la sorpresa y el reconocimiento. Y el reconocimiento implica que todos son ruedas parecidas, todos hacemos más o menos lo mismo. Luego, cada uno aporta su granito de sorpresa. Yo antes hacía rumba y ahora hago rock. No soy de ninguna generación, pero creo que al que le guste Kiko, Calamaro o Sabina, de repente le puede gustar lo que yo hago”.
Y la radio. “Los medios y artistas deben hacer un análisis crítico, ver lo que han sido estos 30 años. España ha progresado en términos económicos, pero culturalmente nos hemos embrutecido. Lo que hoy es radiable es más vulgar que lo que se radiaba antes. Debemos hacer las cosas como si nadie las hubiera hecho antes. Por eso, mi música es radiable. Yo tengo vocación de multitudes”.
El hombre delgado: El Derrumbe (2005)




0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada